Sunday, June 7, 2009

Colotlán de los Recuerdos






















Saliendo de una tupida cortina de mezquites que protege al viajero de los rigores del sol, el camino real hace un breve descanso desde el cuál se puede observar el caserío apretujado que conforma Colotlán, pueblo sencillo rodeado de sus huertas y en su extremo poniente, el curso del río, que caprichoso ciñe en sus riberas una buena parte del poblado. Desde allí se puede observar el ir y venir de los pacíficos moradores del lugar, quienes ahora afanosos se empeñan en sus labores agrícolas y productivas de todo tipo, y un poco después, relajados, se dedicaran a disfrutar del solaz del descanso y la agradable compañía de los vecinos.

Las calles principales del poblado con todo y ser muy angostas permiten el libre paso de varias recuas de animales, que transportan en sus lomos ollas de barro, con el agua zarca para beber, en tanto que sus dueños se afanan pregonando con voz fuerte. ¡Agua dulce y buena para beber! Otras mulas cargan en sus lomos, grandes atados de leña seca, que el campesino que las guía va entregando en forma aleatoria en algunas de las casas.

El leñador se detiene frente a una de las casas, que al igual que muchas otras, su fachada es alta, de colores blancos y amarillos, pintados con cal. Sus marcos, ventanas y canales están labrados en cantera, con formas sencillas y armónicas.

La pesada puerta de madera es de mezquite, su dintel es muy alto, para permitir el paso del jefe de la casa, montado en su caballo. Todos los muros de la casa son gruesos y sin excepción están hechos de pesado adobón y recubiertos con una capa de cal. Los techos están formados de largas vigas de madera, recubiertos de tabletas, cal y tierra.

El zaguán de la casa esta adornado con macetas de barro de Soyatitlán, bellamente vidriadas, y cubiertas de frondosas plantas de sombra, que le brindan a este espacio, un ambiente de frescura y armonía sin comparación. El visitante que sufriendo la inclemencia del sol y el calor de mediodía, se adentra en este hogar, no puede menos que regocijarse y exclamar, -¡Que fresco se está aquí adentro!¡ afuera hace un calor espantoso!

En el patio los arcos de cantera le brindan a la casa un aspecto elegante y hermoso, y los árboles frutales y plantas esparcidas aquí y allá, le prestan el aire de un verdadero jardín. El pozo casi a mitad del patio, con su pretil de cantera, invita a remojarse con su fresca agua; vital liquido que extraído de sus entrañas, mitiga el calor y refresca el cuerpo.

Media docena de cuartos amplios, semioscuros, de brillante y rojizo piso de ladrillo, invitan a pasar al interior y descansar en alguna de sus amplias camas de madera e incluso una que otra de herroso latón. En las petaquillas de madera, alineadas contra alguno de los muros, se guarda la ropa de las camas, y de los inquilinos de la casa. No falta en cada una de las habitaciones, un pesado espejo de olorosa madera, y brillos opacos, quien obsesivo nos acecha desde algún rincón de la pieza. Los muebles no son muchos, pero todos ellos tallados en madera y aderezados con herroso metal. Una que otra fotografía o imagen religiosa cuelga de los casi desnudos muros de la casa, sin lograr cubrir ni por ensalmo, su soledad.

En la cocina, un pollito de lado a lado del muro más amplio de la habitación, le da cobijo a la chimenea y al fogón, y a un enjambre enorme de enseres y utensilio culinarios.

La vajilla en su mayoría se compone de trastes de barro; las media docena de sillas, la mesa y un armario están hechos de pesada madera, burdamente tallada; en la paredes cuelgan ollas, jarros, comales y bolsas de ixtle; un pesado metate y un molcajete de negra piedra volcánica, se encuentran sobre un segundo pollito de dimensiones mucho más modestas , ambos evidencian los preámbulos de los que será una deliciosa comida, vasta en condimentos y especias.

La patrona, de rostro amable, y corpulentas dimensiones, se mueve con inusitada rapidez de un lado a otro de la cocina, en tanto que no deja de ordenarle a la pequeña sirvienta de piel morena y trenzas largas, que le traiga un recipiente o ingrediente para aderezar la comida. De un pequeño vaso de vidrio, escondido en una alacena empotrada en la pared, saca unas monedas y se las entrega al leñador, solicitándole que le ponga la leña donde siempre, es decir en el cobertizo, ubicado en la parte trasera del corral. A María, la sirvienta, le dice que le abra la puerta y no deje salir los animales. Doña Mercedes hace una pausa en su frenético ir y venir por la cocina, y en un vaso de barro, se sirve con prodigalidad del agua fresca y rica, que apenas unos minutos antes ha traído doña Lorenza, la aguadora más conocida del pueblo.

Las calles de empedrado muy junto y regular, regresan el sonido de metal y piedra, cuando los animales con sus pezuñas golpean con fuerza sobre el suelo, en ademán inequívoco de impaciencia por continuar el viaje. Apenas sale su amo, cuando ya están en marcha las bestias, adivinando la siguiente parada, de un recorrido que conocen casi de memoria.

Un ruidoso y maltrecho camión con su cuota inevitable de humo negro, sube a toda prisa por la calle Independencia, provocando que la recua de mulas y burros se arrejunten precavidamente contra la pared y soportando sin quejas, la cortina de humo gris, que durante asfixiantes segundos deja sobre el grupo.

Don Atanasio, el leñador, levantando su sombrero, se dirige respetuosamente al conductor del vehículo.

-¡Adiós don Nacho! Don Ignacio Maldonado, quien es el dueño del pequeño camión de pasajeros que hace el viaje de Colotlán a Zacatecas, devuelve el saludo con un ligero movimiento de cabeza, con su pensamiento puesto en las decenas de diligencias que habrá de realizar en ese día.

La escena descrita anteriormente, es la de una mañana de un día cualquiera del lejano año de 1933, en una de las casas y familias típicas de Colotlán. La inseguridad de la revolución y la guerra cristera hace algunos años que pasaron, y la población de Colotlán ha regresado a la rutina de la vida pacifica de los tiempos de paz. Es a principios de este año que el general Quintero, jefe del regimiento estacionado en Colotlán, se retira de esta ciudad, dejando una imagen ejemplar entre la población. Es él quien con la ayuda de su regimiento le ha dado una mayor actividad social al poblado al organizar bailes en los que ameniza las orquesta de Jazz de la tropa, y a los cuales acuden las familias distinguidas de la comunidad. El campo deportivo a la salida de la calle independencia ha sido arreglado y allí se practican un sinfín de deportes, al igual que el campo de aviación en Santiago, Tlatelolco.


El Sr. Inés Huízar, presidente municipal, en ese año hace construir nuevas bancas en la plaza de armas, es la primera vez que se utiliza cemento y tabique en el poblado. La plaza luce hermosa y exuberante gracias a las plantas y árboles que fueron plantados apenas el año anterior. Cerca del Laurel de la india, entre la dos amplias banquetas del jardín que el pasado marcaba la separación entre el peladaje y la gente de bien, esta ubicado la nevería del Sr. Pablo Vázquez, sitio en donde concurren grandes y chicos a disfrutar de estos deliciosos postres. Por la tarde algunos conocidos vecinos se reúnen en este a jugar domino, escapando del encierro y calor de las casas.

Los progresistas empresarios de la ciudad hacen todos sus esfuerzos por recuperar el impulso productivo y comercial que el municipio había alcanzado durante el periodo porfirista, y que el largo periodo de guerra, había detenido en seco. Todos ellos confían plenamente en que sus esfuerzos se verán coronados con el éxito económico y el desarrollo social de Colotlán.

Colotlán es en esos momentos un pueblo emprendedor y con una actividad productiva y comercial muy activa, de alcance regional. Las necesidades básicas y algunas otras más suntuarias, de una modesta población, son resueltas al interior del poblado. Una gran parte de los alimentos tales como verduras, carnes ropas, telas, leches, quesos, panes, etc, así como telas, aperos agrícolas, velas, cremas, gaseosas, calzado, jabones etc. Son producidos y elaborados aquí mismo.

El centro del pueblo está lleno de tiendas de todo tipo y género, a las que acuden gentes del poblado y toda la región a comprar sus mercaderías. Muchas de las tiendas que fueron quemadas y saqueadas durante la guerra, han sido reconstruidas y sus orgullosos dueños atienden con gran entusiasmo detrás del mostrador. No obstante la gran concentración de empresas y negocios en el centro del poblado, a todo lo largo y ancho de Colotlán vamos a encontrar prósperos negocios de géneros disímiles. Tenerías, zapaterías, pequeña fábricas, carpinterías, panaderías, molinos de nixtamal, herrerías etc.

En el número 4 de la calle Obregón se ubica la tienda de ropa llamada “El Famoso 33” que pertenece a don Jesús de Santiago, un atrevido empresario colotlense que ha incursionado con éxito en diferentes empresas productivas. Don Jesús es un hombre con una gran visión de los negocios y el desarrollo futuro de la economía local. Se ha distinguido entre sus conciudadanos por su alto espíritu de servicio y ayuda a los más desprotegidos, aún sin ser abogado de carrera, el ha ayudado a mucha gente pobre a librar penosos juicios en el Juzgado de Colotlán. El es el fundador de la “Industrial Mexicana” una fábrica de sodas con cobertura regional, así como ha invertido en la instalación de una fábrica de velas y veladoras, y en un molino de nixtamal. En compañía de don Francisco Ortega inició una fábrica de hielo y paletas, tan necesaria para el consumo local de la época. La agricultura y la ganadería son otros aspectos de su incansable actividad renovadora, con la propiedad del predio “El Cono”, sitio en el que pone en práctica novedosas ideas productivas.


Al igual que don de Jesús de Santiago, muchos de los empresarios de esta época publicitan sus productos a través del medio más moderno del momento, el Folleto Literario Primicias que publica el Sr. Lauro A. Martínez, propietario de la primer imprenta profesional de Colotlán desde el año de 1925. En este folleto se presentan algunos artículos y poesías de autores locales tales como los señores: Ángel y Reinaldo Díaz Vélez y Chávez, Adolfo Moreno Ávila, Carlos Uriel Martínez; y de otros de talla mundial tales como: Amado Nervo y Gabriela Mistral.

¡No hay mas sodas que las elaboradas por “la Industrial Mexicana! Pida usted soda, cherrol, tutufruti, si-si, soda polar, limón, ginger ale, za-za.
¡Exija usted soda tropical, naranja, chocolate, piña, cerveza de hierro, durazno!
Únicas en la región, que son químicamente puras. Únicas aprobadas por el Consejo de Salubridad. Únicas que no dañan.
¡No se deje engañar: sodas hay muchas, pero solo las que yo fabrico le ofrecen garantías para su salud. su sabor exquisito nunca sera igualado! J. Jesús de Santiago.

La presencia de las compañías refresqueras internacionales aún no es tan poderosa, por ello la competencia para don Jesús de Santiago, en este rubro de la fabricación de aguas gaseosas está representada, por otras dos empresas locales, una de Jesús Ortega y la otra de doña Delfina S. Viuda de Flores.

¡Si necesita usted muebles, elegantes, modernos, bien construidos, con lo mejores materiales y al precio mas económico! Dirijase a Leopoldo Mayorga. Esquina Independencia y Guerrero.

Otras Carpinterías que funcionan en la población pertenecen a los señores: José Flores, Leopoldo Mayorga, Fidel Martínez, J. Jesús Navarro, José Ma. Navarro, Pablo Vázquez, J. Gertrudis Lozano y Gregorio Márquez.

¿Una silla de montar? ¿Un albardón? ¿Chaparreras o cualesquier trabajo de talabartería que usted necesite? Yo lo hago. José Refugio Ortega. Frente a la plaza.

Don Cuco Ortega, como mucha gente le dice cariñosamente, no es el único talabartero que trabaja en Colotlán, su competencia esta representada por algunos de los más ilustres maestros del piteado tales como: Nicolás Orozco, Cruz Fernández, Fernando Rodríguez, Francisco Ramos y Dionisio Orozco.

¡Música clásica, matrimonios, serenatas, bailes, gallos, música sagrada! ¡Sí nosotros podemos tocar! Porque contamos con la mejor música y con los mejores músicos.
Sólo pregunte por la Orquesta Gertrudis Sánchez. Sobran comentarios. Quedara satisfecho. Dirijase a Baudelio L. Sánchez.

Orquesta Juventino Rosas
¿Necesita usted música para días de campo, tertulias, bailes etc.etc.
Desde un cuarteto hasta una orquesta completa la encontrara a precios cómodos.
Dirijase a Cesáreo Pérez. Amado Nervo Num.150. Colotlán,Jal.

Los dos anuncios anteriores son sólo una muestra de la competencia y nivel musical de Colotlán en la primera mitad del siglo pasado. La cultura y el gusto por la música de los colotlenses están muy desarrollado en esta época, de allí la gran cantidad de gente que gusta y conoce de ella. El Sr. Gertrudis Sánchez, director de la banda musical y de la orquesta que lleva su nombre, es una de las figuras más destacadas en esta área. El será el maestro de varias generaciones de músicos en Colotlán, incluidos sus propios hijos y sobrinos.

El buen tono es la peluquería de las persona de buen gusto! Convénzanse. Trabajo esmerado, aseo escrupuloso, operarios atentos, prontitud.
Baudelio L. Sánchez. Frente a la plaza.

Entre las principales peluquerías podemos señalar la Cuauhtémoc, El Buen Tono y el Fígaro. Atendidas por sus propietarios, J. Jesús Rosales, Baudelio Sánchez y Felipe Sillas, respectivamente. Entre otras se contaba también con La Hidalgo de don Felipe Delena; la Popular, de J. Isabel Miramontes, la India de Honorio Meza y tres más; la Ideal, La Guadalupana y la Americana atendidas por: Gabino Ávila, Rufino Ramos y Ladislao Flores.

¿Quiere lavar de veras su ropa? ¿Qué quede limpia? Solo el jabón de la fabrica “El Gallo” propiedad de Adolfo Moreno. Ubicada en Independencia num. 77 puede hacer esos milagros... hasta los pecados lava.

El Sr. Alfredo Ruvalcaba es el otro productor de jabón en Colotlán.

Trajes para señores y señoras. Uniformes para militares. los verdaderos modelos 1933. Unicamente en la sastrería “La Bella Jardinera” Silvestre Pinedo. Marcos Escobedo num 206. Trajes a la medida, abrigos y confecciones.

¡No hay más alla! Los únicos trajes elegantes al precio mas económico, en el taller de sastrería “El Eco de la Moda”. Domingo Ruvalcaba. El buen acabado de mis obras me recomienda. esquina de las calles Independencia y Paseo.

En un momento donde los trajes y vestidos de fábrica aún son escasos, la gente elegante de Colotlán frecuenta a los señalados sastres además de los señores Mariano Pérez, Edmundo Ramírez, Policarpo Navarro y León Berùmen, que son reconocidos por la habilidad de su trabajo, y la calidad de sus productos.

Señoras¡¡¡ Vengo a libertaros de la esclavitud del metate!! Traed vuestro nixtamal aquí; ahorrareis gasto de energías, y por lo mismo, alargareis la vida. tenedlo presente “El Navío” Molino de nixtamal. El mejor en Colotlan. Doroteo Valdivia. Y anuncia: pronto podré vender energía eléctrica y llevarla hasta vuestro domicilio. ¿Conoceis cuantas comodidades puede tenerse por la virtud de la electricidad?

Es difícil para nosotros imaginar la vida sin el inapreciable servicio de la electricidad en casa, sin embargo en el año de 1933, la electricidad todavía es un sueño, el cual les ofrece en un futuro cercano a sus clientes el Sr. Valdivia. La comodidad de los molinos de nixtamal que facilita la vida de las amas de casa, son una realidad y se extienden por todo el poblado algunos de sus dueños son los señores; Francisco J. Maldonado, Leopoldo Mayorga, Ignacio Maldonado, Jesús de Santiago y Luis Solano.

“Salon Azteca” Cantina y billar. El mejor de la ciudad. El mejor lugar para divertir sus ocios. Buen trato y cortesía. Vinos del país y extranjeros. Refrescos de todas clase. Lunchez disponibles para después de las copas. Concurrid a oír música selecta, que ejecutara el cuarteto azteca los domingos de las 12 a las 14 horas y a paladear exquisitos lunches que el azteca obsequiara a sus numerosos visitantes. Ponciano S. Hernández. Colotlan, Jal.

Lugares de diversión masculina como billares y cantinas existen también varios.

En el Colotlán de 1933 vamos a encontrar como principales productores de pastas de harina: a los señores Alberto Macías y Pedro Maldonado. Y sus materias primas serán procesadas primeramente en los siguientes Molinos de trigo : Santa Isabel, Eduardo S. Aguilar y Pedro Maldonado.

Estas harinas serán convertidas en delicioso y dulce pan en algunas de las siguientes panaderías; La Bola, de Maurilio Velasco; La Paloma, de Víctor M. Sandoval; La Esperanza, de Cirilo Hernández; La Francesa de Jesús Martínez; La Colotlense, de Ignacio Sánchez y la Gaitiana de Alfredo Berùmen.

Para las necesidades del campo y de la misma ciudad encontramos a varios vigorosos herreros, quienes producen principalmente rejas para arado, talaches, azadones, picos, alcayatas, chapas, rejas, llaves y herraduras de caballos y burros. Entre ellos podemos citar a los señores: Lucio Amaya, Valeriano Campos, Manuel Cortez, Francisco Amaya, Rosalio Jiménez, Francisco Velasco y Francisco Márquez

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